La educación de un perro, hoy en día, no es más que la enseñanza de algunas normas de comportamiento de nuestro perro, para poder convivir en una sociedad que no está pensada para ellos. Existen múltiples formas de hacerlo y casi todas son válidas bien utilizadas y en el animal adecuado. Sin embargo, nada es posible sin la colaboración y el aprendizaje del propietario, por eso siempre he preferido la educación a domicilio, porque implica a los dueños desde el minuto uno.

Sin embargo y por diferentes motivos, a veces se puede realizar esta labor en grupo, lo que sin duda lo hace todo más entretenido y, por supuesto, más económico, si bien este es un sistema más estandarizado.

La palabra adiestramiento está muy maltratada hoy en día, ya que se suele relacionar con férrea disciplina, pero, en realidad, adiestrar solo quiere decir “volver diestro en algo a alguien”, así que “adiestrar” a un perro, no es tan malo como parece.

Tanto adiestrar como educar, implica unos conocimientos que no se obtienen solo con estudios. La práctica y la experiencia son fundamentales y además no solo se debe saber enseñar unas órdenes. También es imprescindible ser un experto en comportamiento canino, puesto que modificar una conducta conflictiva forma parte de la educación del animal. Un educador que no conoce estos resortes es un profesional incompleto, aunque una titulación o diploma, afirme lo contrario.

Dentro de estos trabajos debemos incluir el juego, el ejercicio y la socialización. Los tres son de tremenda importancia y no se desarrollan igual en cualquier perro por lo que debemos definir cual será el porcentaje y la forma adecuados para cada caso.